
El Antequera fichó en invierno a Destiny. Debutó. Marcó en el 82. Tres puntos. El equipo andaluz comenzó el partido a un punto del Hércules y lo terminó a dos del play off.
El Hércules, en cambio, tenía la oportunidad de colocarse a un punto de los elegidos. Pero la derrota lo aleja del objetivo y le recuerda que la distancia hacia abajo empieza a ser incómoda.
La diferencia está en que unos detectan una necesidad y la cubren con coherencia. Otros improvisan a la espera de que suene la flauta.
El Hércules encaró el partido con Alberto Toril en la grada por problemas físicos, Fran Sol en el banquillo por decisión técnica y Unai Ropero como delantero centro. Ropero, extremo de perfil vertical y movilidad, reconvertido en ‘9’ circunstancial.
Mientras tanto, Slavy, el delantero que salió en invierno, ya ha marcado con su nuevo equipo.
La escena lo explica todo.
El club deja salir a un ‘9’, apuesta por un refuerzo invernal llamado a reforzar el área, pero todavía no está disponible cuando febrero encara sus últimos días. Y, al mismo tiempo, el único delantero centro puro con experiencia arranca desde el banquillo.
No es una cuestión de nombres. Es una cuestión de coherencia.
Si el equipo adolece de gol en jugada, si depende de penaltis o acciones aisladas, la prioridad del mercado era inequívoca: un perfil resolutivo, listo para competir desde el primer día. No un proceso de puesta a punto en pleno tramo decisivo.
Beto, a la conclusión del partido, lo resumió con una frase tan obvia como reveladora: “Hay que meterla”. Exacto. Pero para meterla necesitas un especialista en hacerlo. No un extremo adaptado. No un delantero en fase de ajuste. No un esquema que cambia cada semana.
Ropero puede aportar movilidad, pero no es un ‘killer’ en el área. Mehdi tiene talento ,quizá el mejor fichaje invernal, pero tuvo una ocasión muy clara y no la convirtió. Andy desequilibra y pone buenos centros, también dispuso de una oportunidad que rozaba el gol, pero ninguno de ellos es un ‘9’ puro. Ninguno vive del instinto del área, del segundo palo, del remate certero que decide partidos cerrados.
Y mientras, el rival ganó gracias a su refuerzo invernal, que quizá tuvo una ocasión menos clara que las del Hércules, pero supo anticiparse, controlar con el pecho y definir con la frialdad del delantero que vive de eso.
No es una crítica al jugador recién llegado. Es una reflexión sobre el enfoque. Porque el problema del Hércules no es que no genere. Es que no concreta. No cierra. No mata.
El problema no es solo que no entre la pelota. Es que la planificación ofensiva parece moverse más por ensayo que por convicción. El fútbol no puede ser un laboratorio en febrero.
Es competición que se traduce en puntos que te empujan arriba o te dejan sin premio.
Y la competición no espera a que el delantero se ponga en forma.




