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::Opinión – El empate que resta

Sumar también puede ser retroceder.

Hay empates que saben a victoria. Otros a supervivencia. Y luego están los que decepcionan. El de ayer pertenece a esa última categoría.

El Hércules tuvo los tres puntos en la mano y los dejó escapar por algo que se puede trabajar, pero que no siempre se consigue. La intensidad se entrena. La concentración puede costar un poco más. Pero la tensión competitiva verdadera, esa que aparece cuando el partido se rompe y el reloj aprieta, es una cualidad que no todos poseen en el mismo grado. Es carácter, es instinto, es esa capacidad de proteger lo conquistado cuando el contexto presiona.

Este equipo parece empeñado en convertir su eslogan —de puntito a puntito todo suma— en epitafio: de empate en empate hasta la derrota final. Solo un triunfo en las últimas ocho jornadas. Las cuentas todavía permiten mirar hacia arriba, sí, pero cuando la esperanza se basa en soñar con una calculadora, el fútbol ya ha perdido su esencia.

Y hoy los números apuntan más bien hacia abajo que hacia el play off.

Tuvo el partido ganado dos veces. Se adelantó en el 35. Volvió a ponerse por delante en el 68. El rival falló un penalti. El añadido corría. Todo estaba para cerrar la tarde con oficio, pero eso no pasó.

Poner más defensas no garantiza defender mejor. Es como montar un escenario con un coro de voces desafinadas: por mucho que lo llenes, no va a sonar mejor. Acumular camisetas en el área no sustituye la concentración, la determinación ni la anticipación necesarias para no encajar, y al final, si nadie mete la bota cuando el balón quema, el gol acaba entrando.

Y entró.

Blazic salvó lo que pudo y algo más. Samu y Andy entendieron que el partido exigía energía real. Ropero cumplió. Pero el bloque volvió a mostrar una fragilidad que ya no es accidente, sino patrón.

Mientras tanto seguimos esperando señales en la delantera. Llega marzo y el fichaje llamado a cambiar el guion sigue sin estrenarse.

Son demasiadas preguntas. Quizás, en el refranero popular encontremos algunas respuestas. Ayer el Hércules aprendió que hasta el rabo todo es toro, y que, en relación con los fichajes de invierno, nadie explicó al cuerpo técnico que a quien madruga, Dios ayuda. Ahora toca asumir que el que espera desespera. Eso sí, siempre nos quedará el consuelo de que no hay mal que cien años dure.

Aunque, esto ya no es refrán, para entonces… todos calvos.

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