Ciclismo

::Ciclismo – ¡El desierto dicta sentencia el vuelo imperial del águila mexicana!

El ciclismo tiene escenarios que no perdonan, amigos míos. Geografías hostiles que actúan como ese juez insobornable que da y quita razones, desnudando de golpe las miserias y ensalzando las grandezas de este bendito y cruel deporte.

Hoy, inmersos en las infinitas rectas del desierto, bajo un sol de justicia y acariciados por ese viento traicionero que siempre amenaza con hacer saltar la carrera por los aires, hemos vivido una primera batalla que pasará a los anales.

Lo que parecía un guion de puro trámite escrito para los rodadores más pesados, una simple cabalgada entre dunas, la carretera nos tenía reservada una traca final empapada en puro ácido láctico.

¡Pero, ojo al dato con lo que ha pasado en el último suspiro! El infortunio, que siempre viaja agazapado en el pelotón, se cebó con Jonathan Milan, ‘El Gigante italiano ’, que besaba el asfalto en una rotonda crítica haciendo añicos el ecosistema de la llegada masiva.

Y ahí, justo en ese caos táctico de pulsaciones al límite, cuando la rampa picaba hacia el cielo y a los grandes favoritos como el astro belga Remco Evenepoel se les cerraban las puertas en medio del tráfico asfixiante, emergió de la nada una figura imperial.

Isaac del Toro, ‘El toro de Ensenada’, se levantó sobre los pedales con una arrogancia deportiva sencillamente deliciosa. Arrancó desde lejos, agónico, con el alma en vilo y sin mirar atrás ni para coger aire.

Ha sido una exhibición de potencia aeróbica tan bestial que ya incendia todas las tertulias; esto es de juzgado de guardia, señores, y créanme que no exageran las viejas glorias de los coches de equipo cuando a este portento mexicano le ven destellos de los más grandes de la historia.

No es solo una brillante victoria, es un golpe psicológico devastador sobre la mesa. Le ha endosado 10 segundos vitales a Evenepoel en la general, un aviso a navegantes de que este chico prodigio no ha venido aquí a pasearse a la sombra de absolutamente nadie.

Ha sido un placer narrarles esta batalla. Si han disfrutado tanto como yo, les espero cada día en la página.

La carretera no descansa, y nosotros tampoco.

 

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