El Roig Arena estuvo a punto de vivir una noche para la historia. El Valencia Basket se vio a un paso de colarse en la final de la Copa del Rey tras un partido eléctrico, de esos que convierten un pabellón en una caldera y hacen que el baloncesto parezca un deporte sin guion. Pero cuando el encuentro ya olía a hazaña local, Mario Hezonja apareció con la frialdad de los grandes y, con dos triples en el último minuto, giró el destino del choque para colocar al Real Madrid en la final.
El partido tuvo muchos partidos dentro. El primero, el que escribió el Valencia en el arranque, fue una declaración de intenciones. El equipo de Pedro Martínez decidió incendiar el duelo desde el perímetro, con una apuesta agresiva por el triple que no solo buscaba anotar, sino alterar la estructura defensiva blanca obligando a sus interiores a salir, perseguir y defender lejos del aro. Ese plan, además de eficaz, encendió al público y multiplicó la energía defensiva del Valencia, que presionó líneas de pase, castigó errores y corrió siempre que pudo. El resultado fue un primer cuarto descomunal, con una renta que rozó los veinte y un récord anotador en la historia de la Copa.
En ese escenario de tormenta taronja, el Real Madrid encontró un salvavidas en Facu Campazzo. El base argentino cambió el tono del partido desde la intensidad, el control y la capacidad de ordenar a los suyos cuando todo parecía torcido. Con él como brújula, el conjunto blanco sobrevivió al vendaval, recortó una desventaja enorme y volvió al partido con la sensación de que, si lograba bajar el ritmo y endurecer el contacto, la semifinal todavía tenía camino por delante.

El equilibrio llegó, pero el Valencia sufrió un golpe duro antes del descanso: Kameron Taylor, que estaba firmando una primera parte impecable y sin fallo, se torció el tobillo. Aun así, regresó a pista renqueante y su mera presencia sostuvo moralmente a un equipo que, en el tercer cuarto, empezó a perder chispa. Ahí emergió el segundo partido: el de la remontada blanca, culminada con Hezonja acelerando el cambio de tendencia hasta poner por delante al Real Madrid después de haber levantado 17 puntos en apenas trece minutos.
Con el marcador ya en modo montaña rusa, el choque entró en una fase de intercambio continuo. El Valencia encontró respuesta con De Larrea y Badio; el Real Madrid respondió con Feliz y Maledon. El partido se convirtió en una batalla de nervios, de aciertos puntuales y de pequeños detalles que, en una semifinal de Copa, suelen pesar tanto como el talento.
Y entonces llegó el tramo final que parecía reservado a Jean Montero. El dominicano, apodado “El Problema”, ofreció un último cuarto de esos que se recuerdan durante años. Con una exhibición ofensiva descomunal, convirtió cada ataque en una amenaza real, castigó desde fuera, penetró, sumó y contagió fe a un Valencia que se vio once arriba en el momento en el que el pabellón ya se preparaba para celebrar el salto a la final. Fue un monólogo de confianza y electricidad, una ráfaga que empujó al Real Madrid hacia el borde.
Pero el Real Madrid no se cayó. Se agarró a los centímetros y la influencia de Tavares, a su capacidad para rebote, intimidación y puntos en momentos de tensión. Y, sobre todo, esperó a Hezonja. Cuando la lógica apuntaba a que el Valencia ya lo tenía hecho, el croata sacó el bisturí. Primero, un triple para mantener con vida a los suyos. Después, otro triple tras una pérdida taronja en un intercambio fatal que cambió el signo del marcador a falta de ocho segundos. En la última acción, Montero no encontró el golpe final y el Real Madrid cerró el pase a la final en una de esas victorias que mezclan oficio, fe y un punto de crueldad competitiva.
Valencia se quedó a centímetros de culminar un partido enorme, con un pabellón entregado y una propuesta valiente. El Real Madrid, en cambio, confirmó su instinto para los finales apretados y su capacidad para sobrevivir incluso cuando el guion parecía ya escrito en contra.
Globalon Insight
La Copa del Rey suele decidirse en el territorio de lo emocional: el equipo que domina el vértigo del final suele ganar aunque haya estado contra las cuerdas media noche. Valencia construyó un partido magnífico desde el triple y desde la fe colectiva, pero el Real Madrid demostró que en los últimos sesenta segundos también se juega un torneo, y ahí Hezonja fue el factor diferencial: dos tiros, dos puñales y una final.
Ficha técnica
106.- Valencia Basket (34+20+25+27): Badio (10), Thompson (2), Taylor (20), Pradilla (3), Reuvers (13) -cinco titular- Montero (26), De Larrea (10), Puerto (7), Key (8), Costello (5) y Sako (2) .
108.- Real Madrid (16+34+27+31): Campazzo (17), Llull (5), Deck (13), Hezonja (25), Tavares (13) -cinco titular- Lyles (4), Abalde (-), Maledon (12), Garuba (8) y Feliz (11).
Árbitros: Conde, Aliaga y Manuel. Sin eliminados.
Incidencias: primer partido de semifinales de la Copa del Rey disputado en el Roig Arena de València ante 15.221 espectadores. En el descanso del encuentro, la ACB homenajeó a los recientemente retirados Álex Abrines, Quino Colom, Pau Ribas y Sam Van Rossom.




