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::Opinión – Un clásico para el Club de la Comedia

Noventa minutos de envoltorio, cinco de contenido y un Clásico que te pierdes si vas al baño.

 

Buenos y futboleros días. Ayer no vi el Clásico. Bueno… sí lo vi, pero poco. El espectáculo duró exactamente lo que tardé en ir al baño. Me levanté del sofá con 1-0, un poco aburrido, pero tranquilo pensando: “Esto va para largo”. Y cuando volví a los cinco minutos se habían puesto 2-2. Pero ¿Qué ha pasado aquí?¿En qué momento alguien ha cambiado el botón de la cisterna por un condensador de fluzo y he viajado en el tiempo como Marty McFly en Regreso al futuro?

Y es que el partido fue raro, de esos que no sabes si lo has visto…o te lo han contado muy deprisa. Para raro, solo había que mirar las gradas. Un derbi tan español como la Supercopa, pero con un ambiente que parecía sacado de una feria internacional. Vamos…algo tan normal como ver un Sevilla–Betis lleno de falleras o un derbi vasco con más sombreros cordobeses que bufandas.

Es el fútbol globalizado: juegan dos equipos españoles y el ambiente parece sacado de Eurovisión. Ese sitio donde un año te gana un monstruo, otro un astronauta con lentejuelas y, cuando ya crees que lo has visto todo, mandas a Chikilicuatre con una miniguitarra, bailando el chiki-chiki y quedas el 16… pero con orgullo. Algo parecido le pasa ahora a Xabi Alonso. Perdió, salió “reforzado” según las crónicas … y a las pocas horas destituido ¿A que también es raro?

Y para chocante la imagen de los presidentes, sentados en esos asientos caros y aterciopelados, que ríete tú de las entradas VIP del Bernabéu. Ahí sentados que parecían dos senadores del Imperio, Graco Laportus y Quintus Florentinus, separados por el emperador Cómodo, el hijo de Marco Aurelio, como dos espectadores de lujo viendo Gladiator Cómodos se les veía, aunque la procesión fuera por dentro.

En resumen: Noventa minutos de envoltorio y cinco de contenido. Como un bombón de esos caros que cuando lo muerdes está hueco. Mucho papel dorado y poco chocolate.

El primer tiempo flojito, a excepción de los minutos finales. El Madrid jugó a esperar, a defender, a que el rival no te acabara metiendo cinco. Y cuando eso pasa y te llamas Real Madrid, estás renunciando al fútbol que te ha hecho grande. Luego siempre están las individualidades, como Vinicius, que cuando quiere se convierte en la estrella, el problema es que solo quiere a ratos. También hay otros jugadores que se esfuerzan. Ayer Gonzalo, Carreras…que curiosamente tuvieron dos ocasiones muy claras al final para haber empatado el partido y el resto del equipo acompañando. Acompañan muy bien, como los coros en Eurovisión. Están ahí, pero luego no te acuerdas de ninguno.

Y aún así, el Barcelona ganó por un gol y de rebote. Uno de esos goles que, si esto fuera tenis, Raphinha, el héroe del partido, habría levantado la mano pidiendo perdón. Porque fue un churro. Un tiro sin demasiado peligro, que tocó donde no tenía que tocar y decidió entrar.

Pero esto es fútbol y aquí los churros también valen su peso en oro. Que se lo pregunten a Florentinus o a Laportus. Sentados en su palco imperial. El circo sigue, solo que ya no es romano. Ahora es televisado, más global y se paga en dólares.

Y mientras tanto, el aficionado español lo ve desde casa, aplaude, se levanta al baño…y cuando vuelve, el partido ya se ha terminado.

¡Hasta el próximo clásico!

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