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::Opinión – Cuatro árbitros, un VAR y los refuerzos sin llegar

El Hércules quedó atrapado en un partido que se le fue de las manos… y del silbato.

La tarde empezó fría, de invierno y bufanda bien ajustada. Pero el ambiente se volvió más gélido cuando, antes del minuto diez, el Sabadell se puso por delante y el partido empezó a discurrir por una pendiente incómoda.

Con permiso del VAR, el empate no se hizo esperar, aunque esto del videoarbitraje da para un capítulo aparte. Porque cuando entra en escena el VAR en esta categoría, lo que se genera no es justicia sino angustia. El Hércules marcó el 1-1, sí, pero alguien avisó al árbitro y se tuvo que revisar.

Todo era tan ajustado, tan milimétrico y tan interpretable que la espera se parecía a jugar a la ruleta rusa: sin pistola en la sien, pero con un pito en la boca, esperando del árbitro la decisión, con taquicardia, sudor frío y algún retortijón.

En esta ocasión salió bien. El gol subió al marcador y la alegría fue mayor después de tanta tensión, pero apenas hubo tiempo para celebrarlo. Monsalve, que había logrado marcar el gol ante un equipo que solo había encajado 7 goles en 17 partidos, se vino arriba y en un despeje de altura elevó tanto su bota que acabó impactando en la cabeza del rival, dejando una escena más propia de Karate Kid que de un partido de fútbol. Tarjeta roja directa y muchos minutos por delante.

A diferencia de otras tardes, lo positivo fue comprobar que con diez el Hércules no se descompuso. Al contrario. Fue ambicioso, presionó arriba y no dio sensación de inferioridad. En otros tiempos, quedarse con uno menos significaba encerrarse y desaparecer. Esta vez no. Esta vez el equipo creyó. Y eso también es de destacar.

Pero el segundo tiempo fue otra cosa. Gol del Sabadell nada más empezar con aroma a fuera de juego. Este VAR de saldo pide a gritos una revisión profunda. Un cambio que proporcione decisiones justas, porque en esta categoría ni hay líneas para calibrar, ni regla ni cartabón, ni ojo de halcón. El único ojo es el del colegiado, que decide a su antojo y el gol sube o no sube, porque el error es humano y al sistema todavía le falta un verano.

Cuando el Hércules volvió a dominar —los cambios de Beto empezaban a notarse y el Sabadell sacaba balones bajo palos— llegó la jugada que terminó de incendiarlo todo. Penalti a favor del Sabadell por unas supuestas manos que no existieron. El jugador herculano tenía los brazos recogidos; la única forma de evitar el contacto era amputarse. Pero al Hércules no le quedaban opciones de revisión. Y aquí aparece uno de los grandes absurdos del sistema: te impide corregir un error que puede condicionar un resultado final.

Y la grada estalló. Algunos lanzamientos de objetos —esporádicos, injustificables— sirvieron para que el árbitro, superado, enviara a los jugadores al vestuario. A partir de ahí, el partido dejó de ser fútbol y se convirtió en una mezcla extraña de circo, suspense y alargue eterno. El penalti inexistente no se pudo revisar pero el quinto gol, en el descuento, pasadas las once y diez de la noche con todo decidido eso sí que había que revisarlo.

 Al final del partido, Beto habló de arbitraje. Y lo hizo poniendo el foco donde toca. Tres goles del Sabadell que, en su opinión, no debieron subir al marcador. Cuatro árbitros en el campo y una ayuda de video arbitraje deberían servir para administrar mejor la justicia. No para generar más confusión. No fue una excusa. Fue una reflexión lógica después de un partido en el que el fútbol quedó en segundo plano, porque el protagonismo fue más de silbato que de balón.

También condicionó la expulsión, porque quedarte con uno menos y tener que remontar un marcador en contra ante un equipo que prácticamente no encaja goles, es como pedir en Navidad a los Reyes Magos un nuevo estadio y tres o cuatro fichajes de relumbrón: sabes que te levantarás el 6 de enero con ilusión, pero al llegar al salón descubrirás que se han comido tus galletas y te han dejado carbón.

Todo esto, además, llega en un contexto incómodo. Mercado de invierno abierto, con otros equipos reforzándose, mientras aquí seguimos teniendo una plantilla muy ajustada y promesas de futuro que no pasan por el presente.

Y el presente nos lleva en unos días a otro partido trampa. Murcia, un derbi complicado. Allí irá la afición en masa, con ilusión renovada y el orgullo intacto, dispuesta a empujar como siempre. Pero si allí no se consigue algo positivo, el 1-5 de hoy no será solo una mala tarde más, sino la semilla de nuevas dudas.

Porque una mala tarde la tiene cualquiera, como decía Chiquito, pero en esta categoría dos malos resultados bastan para que el no puedor se instale, salten las alarmas y el panorama empiece a oler peligrosamente a fistro.

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