
El fútbol español vivió una mañana de esas que convierten un sorteo en un pequeño acontecimiento. No es para menos: cuando la Copa del Rey entra en cuartos, el país se detiene un momento para saber a quién le toca bailar con quién en esa ronda donde todo empieza a oler a gloria. De aquí saldrán los cuatro nombres que se jugarán las semifinales del torneo más especial de nuestro calendario, un torneo donde cualquiera puede soñar y donde los gigantes ya no pueden esconderse.
La sala Luis Aragonés guardó un silencio solemne antes de empezar, un gesto de respeto hacia las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Córdoba. Fue un minuto sereno y sincero, un recordatorio de que el fútbol, con toda su fuerza emocional, también se detiene cuando toca acompañar a quienes están pasando por algo mucho más difícil que un resultado.

A partir de ahí, la mañana recuperó su ritmo habitual, el de la expectación colectiva. Entre conexiones en directo, protagonistas de varios equipos y la presencia de viejas leyendas, el ambiente se llenó de esa mezcla de nervios y esperanza que solo producen los sorteos a estas alturas. El nombre que más brilló antes incluso de sacar las bolas fue el del Albacete Balompié, que llegó como único representante de Segunda y con la moral por las nubes después de eliminar al Real Madrid con ese doblete inolvidable de Jefté Betnacor. Su historia añadía un toque romántico al sorteo, ese ingrediente que la Copa siempre agradece.
En Zubieta se escuchó a Beñat Turrientes analizando lo que supondría para la Real seguir avanzando; desde Lezama, Robert Navarro representó al Athletic con una serenidad que no escondía la ambición del vestuario; y Aitor Ruibal transmitió desde la ciudad deportiva bética la sensación habitual del Betis en este torneo: ganas de llegar lo más lejos posible y la seguridad de que en el Benito Villamarín cualquier cosa puede pasar.

Las manos encargadas de abrir el destino de todos fueron las de dos Antonios con historias muy distintas: Antonio López Alfaro, mito del Albacete y uno de esos goleadores que nunca se marchan del imaginario colectivo, y Antonio Sivera, guardián del Alavés, que presume de ser parte del único equipo que no ha recibido un solo gol en lo que va de Copa. Ellos activaron un sorteo que fue puro, directo y sin artificios, con la única particularidad ya conocida: el Albacete, por su condición de equipo de menor categoría, ejercerá como local.
Y ahí llegó el primer cruce que hizo temblar la sala. El Albacete recibirá al FC Barcelona, vigente campeón. Un duelo que mezcla romanticismo y vértigo: un estadio entregado ante el gigante que lleva años buscando revalidar su dominio en un torneo que siempre le ha sentado bien. El Carlos Belmonte promete una noche eléctrica.

El segundo emparejamiento llevará el derbi vasco al norte: el Alavés recibirá a la Real Sociedad en Mendizorroza, un partido que se respira como un choque físico, intenso y cargado de esa rivalidad elegante que caracteriza a estos dos clubes.
El tercero se vivirá en Mestalla, donde el Valencia se encontrará con el Athletic Club, dos clubes que saben perfectamente lo que supone vivir finales en La Cartuja y que no están dispuestos a renunciar a otra cita sevillana.
El cuarto cruce enfrentará al Betis con el Atlético de Madrid en un duelo que, por ambiente y por estilo, promete ser uno de los choques más ruidosos y vibrantes de la ronda. El Betis juega en casa, pero el Atlético llega con esa sensación de equipo que nunca se rinde y que suele crecer en este tipo de noches.

Los partidos se disputarán del 3 al 5 de febrero, siempre a las nueve de la noche, siempre con un país entero pendiente. La Cartuja se asoma en el horizonte como ese lugar mítico donde todo se resuelve y donde cada afición sueña con ver a los suyos levantando el trofeo más bonito que puede ganar un equipo español.
La Copa vuelve a recordarnos su esencia: emoción pura, rivalidades encendidas y la certeza de que, en este torneo, el camino a la final nunca es una autopista. Es más bien un sendero lleno de curvas, pasión y sorpresas. Y ahí está su magia.




