

Castalia tenía ese ambiente especial que aparece cuando el fútbol decide cosas grandes. Un viento frío atravesaba la grada, la noche invitaba más a resguardarse que a disfrutar, pero desde el primer minuto la semifinal entre FC Barcelona y Athletic Club se encargó de convertir la velada en algo mucho más cálido y emocionante. Dos equipos con carácter, con historia y con personalidades muy marcadas se disputaban un billete para la final de la Supercopa. Y el Barça, acostumbrado a caminar en territorio decisivo, acabó imponiendo su instinto competitivo.
El choque comenzó con la intensidad que pedía la ocasión. El Barça buscaba posesiones largas, combinaciones rápidas y metros por dentro; el Athletic, por su parte, respondió con una defensa férrea, con líneas muy juntas y una capacidad de anticipación que desactivó varias conexiones culés. Nada de tanteos largos: en Castalia se compitió desde el primer segundo.

Las primeras llegadas llevaron el sello azulgrana, con Ewa Pajor y Kika Nazareth entrando en juego cerca del área, pero la contundencia de las rojiblancas se impuso en varias acciones clave. El Athletic esperaba su momento para morder, y lo encontró pasado el minuto 25. Maite Zubieta se coló por el costado, encaró área y cayó derribada por María León. La colegiada, sin dudarlo, señaló el penalti que Nerea Nevado transformó con valentía tras un lanzamiento potente que superó la estirada de Cata Coll. Premió el acierto y la ambición de un Athletic que salió sin complejos a un escenario exigente.

El gol destapó una versión más incómoda del Barcelona, obligándolo a reaccionar desde el carácter. Durante varios minutos las culés se encontraron atrapadas en una tela defensiva muy bien tejida. Pero a veces el fútbol se rompe con un gesto, un disparo o un detalle técnico que cambia el clima del partido. Y ese detalle llevó la firma de Ona Batlle. En el minuto 34, recogió un rechace fuera del área, abrió ángulo y soltó un disparo tenso que entró como un flechazo. El 1-1 devolvió aire al Barça.
Con el empate, las de Pere Romeu entraron en una fase más fluida. La jugada del 2-1 nació de una acción persistente: Pina golpeó, Olatz Santana rechazó y Paredes —capitana, voz y músculo del equipo— apareció como un resorte para mandar el balón al fondo de la red. En solo cuatro minutos, el Barça había volteado un partido que se había puesto cuesta arriba.

Pero la primera parte aún tenía un giro inesperado. En un salto dividido, Kika Nazareth golpeó involuntariamente con el codo a Naia Landaluce. La colegiada interpretó acción merecedora de roja directa. El Barça se quedaba con diez justo antes del descanso, y el ejercicio de supervivencia se anunciaba largo.
La segunda mitad fue un choque de resistencia. El Barça, en inferioridad numérica, se ordenó atrás, redujo riesgos y buscó transiciones controladas. El Athletic trató de dar un paso adelante, pero le faltó continuidad en campo contrario. Los movimientos de banquillo reorganizaron estructuras: Patri Guijarro y Graham Hansen entraron para aportar pausa y desequilibrio, mientras Sara Ortega renovaba energía en el bloque vasco.

La acción que desequilibró todo nació de la jugadora que había cambiado el partido con su golazo: Ona Batlle. A los 68 minutos, se inventó una carrera espléndida por banda derecha, dejó atrás a su par y centró con precisión quirúrgica para que Pajor empujara el tercero. Un tanto que reflejó el espíritu competitivo de este Barça: incluso con diez, incluso con sufrimiento, siempre encuentra una salida, una jugada que define.
El Athletic no se rindió. Movió banquillo, empujó, buscó superioridades y generó varias aproximaciones de mérito. Pero el Barça, acostumbrado a gestionar momentos límites, cerró su defensa con la serenidad de los equipos que saben ganar. Los últimos prismas de partido estuvieron marcados por los cambios, por los intentos finales de ambos lados y por un ritmo atenuado por el desgaste físico.

No hubo más goles, y el 3-1 final certificó una nueva final azulgrana. La quinta consecutiva. Un registro que habla de regularidad, de jerarquía y de una cultura competitiva pocas veces vista en el fútbol femenino español.
El sábado espera otra historia grande: El Clásico. Barcelona – Real Madrid. Con un título en juego y un Castalia que vivirá otra noche de Supercopa inolvidable.
FICHA TÉCNICA

FC BARCELONA:
Cata Coll, Irene Paredes, María León, Claudia Pina (Schertenleib 81′), Alexia Putellas, Clara Serrajordi (Patri Guijarro, 57′), Ewa Pajor (Aïcha Camara, 72′), Kika Nazareth Ramos, Vicky López (Graham Hansen 57′), Ona Batlle, Esmee Brugts (Salma Paralluelo, 72′).
Suplentes: Gemma Font, Meritxell Font, Sydney Schertenleib, Salma Paralluelo, Marta Torrejón, Caroline Graham Hansen, Patri Guijarro, Aïcha Camara, Martine Fenger, Carla Julià Martínez.
Entrenador: Pere Romeu.

ATHLETIC CLUB DE BILBAO:
Olatz Santana, Maddi Torre (Ane Campos, 78′), Naia Landaluce, Maite Valero (Aguirregomezcorta, 85′), Maite Zubieta, Ane Azkona, Nerea Nevado, Maitane Vilariño (Sara Ortega, 62′), Ane Elexpuru, Daniela Agote (Leire Baños 85′), Elene Gurtubay (Pinedo 78′).
Suplentes: Ziara Vega, Marta San Andrián, Leire Baños, Clara Pinedo, Sara Ortega, Ane Campos, Eider Arana, Nerea Venito, Oihana Aguirregomezcorta.
Entrenador: Javi Lerga.

GOLES:
0-1 | Nerea Nevado (25′)
1-1 | Ona Batlle (34′)
2-1 | Irene Paredes (38′)
3-1 | Ewa Pajor (68′)
ÁRBITRO: Elisabeth Calvo.
Asistentes: Andrada Aloman y Victoria Miralles.
Cuarto árbitro: Alicia Espinosa.
Quinto árbitro: Adriana García.
Roja: Kika Nazareth (40+3′).
ESTADIO: Nuevo Estadio Skyfi Castalia, semifinal de la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026.




