Atletismo

::Media Maratón – Una mañana para recordar en Santa Pola

La Mitja Marató vuelve a llenar la costa de música, corredoras, corredores y una energía contagiosa en su edición más internacional

Santa Pola amaneció el domingo con ese brillo especial que solo aparece cuando la ciudad sabe que le espera una jornada grande. Antes incluso de que el sol terminara de abrir el cielo, las calles ya estaban despiertas: voluntarios ajustando vallas, grupos de corredores calentando en silencio, familias buscando un buen sitio junto al circuito y un rumor colectivo que anunciaba un día de deporte del que cuesta despegarse. La Mitja Marató Internacional Villa de Santa Pola celebraba su 34ª edición, y no podía haberlo hecho con un espíritu más expansivo: más de ocho mil participantes y cuarenta y tres nacionalidades hicieron suyo el paseo marítimo, las avenidas y cada rincón por donde pasaba la carrera.

Este año, además, el ambiente se estrenó con una novedad. La organización introdujo una prueba independiente de 10 kilómetros que abrió la jornada a las 8:30, una especie de despertar atlético que funcionó como preludio perfecto. Con la brisa todavía fresca, ese primer disparo dio paso a un desfile de zancadas que recorrió la ciudad como quien abre una puerta a lo que vendría después. Jacob Krop se impuso con autoridad, demostrando desde el primer momento que la mañana iba a ser exigente también para la élite. En categoría femenina, Clare Chemtai Ndwia dejó claro por qué había llegado con tanto cartel, completando un recorrido impecable que la coronó al frente del podio.

Pero si algo estaba esperando Santa Pola era el momento de la media maratón. A las 10:30, cuando ya no cabía un alfiler junto a la salida, la música y los fuegos dieron paso a ese instante de tensión mínima en el que todo parece detenerse. Y, de pronto, el silencio se partió con el pistoletazo. Miles de corredores echaron a andar sobre un circuito que se disfruta tanto por su diseño llano como por su escenario: el Mediterráneo acompañando cada curva, el sonido de los tambores en los pasos más duros y un público que convierte la prueba en algo mucho más emocional que un simple desafío físico.

La cabeza de carrera salió lanzada desde el primer metro y durante varios kilómetros mantuvo un ritmo que hizo soñar con un registro histórico. El récord absoluto quedó finalmente intacto, pero la exhibición de Brian Kibor dejó a todos con la boca abierta. Cruzó la meta parando el crono en una hora y cuarenta y nueve segundos, un tiempo que resume bien la intensidad de la competición. Tras él llegaron Simon Maywa y, poco después, Kipkandie Mkulia, completando un podio que reflejó el alto nivel que cada año atrae esta prueba. En categoría femenina, el triunfo fue para Daisilay Jerono, muy sólida de principio a fin, por delante de Esther Chebet y de la veteranía siempre combativa de Hanna Lindholm.

A partir de ahí, llegó el momento más humano de la mañana. El grueso de participantes empezó a cubrir la meta y cada llegada parecía tener su propia historia. Había quienes se abrazaban sin poder contener la emoción, quienes lloraban al lograr un objetivo que llevaban meses persiguiendo y quienes, simplemente, se dejaban caer en el suelo para saborear la recompensa. También hubo espacio para anécdotas que hacen grande este tipo de eventos: corredores que cumplían promesas corriendo descalzos, parejas que aprovecharon los últimos metros para transformar la meta en un recuerdo imborrable y familias enteras que celebraban juntas el esfuerzo de uno de los suyos.

La ciudad respondió de forma maravillosa. No solo acompañó con aplausos, sino que llenó el recorrido de música, pancartas improvisadas y ese entusiasmo que hace que la Mitja sea reconocida cada año como una de las carreras más animadas del país. Bastaba escuchar los comentarios de los participantes para confirmar que la atmósfera había sido parte esencial del éxito. Clara Miró, que debutaba, confesaba que no esperaba un ambiente tan arrollador. Juan José Martínez, que repetía, insistía en que la carrera consigue superarse edición tras edición. Y voces como las de Sergio Ruano, Bruna Mascaró o Álvaro Boix coincidían en la misma idea: hay algo en Santa Pola que hace que, incluso cuando el calor aprieta o las piernas pesan, el ánimo nunca caiga del todo.

La edición de este año también tuvo presencia institucional. Toni Pérez, presidente de la Diputación, participó activamente en la jornada y resaltó la importancia de un evento que cada vez atrae a más visitantes y sitúa a la provincia como referente en turismo deportivo. La alcaldesa, Loreto Serrano, acompañó a la organización durante toda la mañana, orgullosa de una prueba que ya es parte esencial de la identidad local.

Cuando el arco de meta empezó a desmontarse y los últimos corredores todavía llegaban entre aplausos, quedaba claro que esta 34ª edición había cumplido, otra vez, con creces. Santa Pola volvió a demostrar que la Mitja no es solo una carrera: es una celebración colectiva, un retrato de esfuerzo compartido y un motivo más para que miles de personas quieran volver el año que viene.

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